26 de diciembre de 2017

B.C.S.: La renovación democrática desde el municipio libre




Sandino Gámez / 

En Baja California Sur, como en el resto de México, existe una crisis de credibilidad sobre las instituciones públicas, la clase gobernante, los partidos políticos y la misma idea de la democracia.
Esta crisis se refleja no sólo en la baja participación ciudadana en los procesos electorales, sino también la indiferencia de los ciudadanos sobre las acciones de gobierno y el estado de salud de las instituciones, las cuales se han deteriorado profundamente en las últimas décadas.
La misma palabra “política” o “políticos” tiene una connotación comúnmente negativa, al grado de ser asociada directamente con la corrupción, el fraude o el robo de los recursos públicos.
¿Cómo recuperar (o generar) la confianza de los ciudadanos en sus instituciones y, en especial, en la política y la democracia?
En primer lugar, es necesario garantizar que los representantes populares sean verdaderos representantes. En democracia eso sólo se consigue de manera esencial mediante su elección directa, así como sometiendo sus decisiones de mayor influencia social al escrutinio público.
En México, la Constitución Política federal establece al municipio libre como la base jurídica organizativa territorial de nuestro país. En Baja California Sur, esta estructura básica carece de representación directa de la población en el ayuntamiento, pues el ciudadano sólo tiene acceso a votar por el presidente municipal.
Los regidores, los integrantes el cuerpo colegiado que compone el cabildo y deciden por votación todos los asuntos de competencia municipal y que afectan de manera más directa al ciudadano, se registran en una fórmula que el ciudadano sólo conoce si da vuelta a la boleta para votar al presidente municipal.
Así, tanto los regidores electos carecen de relación con el votante como el ciudadano carece de relación con sus supuestos representantes, quienes una vez instalados en el ayuntamiento deciden asuntos de suma gravedad, como la privatización del espacio público, la administración de los servicios públicos, las licencias de alcoholes o la planeación territorial y urbana.
Una regiduría es el cargo de elección popular que influye de manera más directa e inmediata en el ciudadano, además de ser el primer escalón de un político de carrera. ¿Por qué entonces no tiene una relación directa con los ciudadanos a través del voto?
Hemos visto en Baja California Sur diversos ayuntamientos cuyos regidores han funcionado más como agentes o empleados de empresas privadas o de grupos de interés privado. Sin embargo, dadas las reglas políticas actuales, han actuado con total impunidad, sin contar siquiera con un castigo político por sus acciones.
Así, para renovar la cultura política de nuestro estado, dar representación política a los ciudadanos en el nivel más básico de gobierno y comenzar a cultivar la confianza del ciudadano sudcaliforniano la democracia, proponemos dos reformas a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Baja California Sur:
Uno. Elección directa por mayoría relativa de los regidores mediante subdistritos, en boleta diferente al presidente municipal, conservando la representación proporcional para las primeras minorías.
Dos. Revocación o refrendo del mandato a la mitad del periodo de todos los cargos electos por voto popular en el estado y los municipios, con excepción del gobernador. Esto bajo el principio de que el voto ciudadano es un voto de confianza hacia el cargo electo y que, por lo tanto, el ciudadano debe poder retirarlo en el momento en que la ha perdido.
¿Quién puede estar en contra de estas propuestas para renovar la cultura política de Baja California Sur?
Por supuesto: una parte importante de las cúpulas partidistas (de todas las denominaciones) y los grupos de poder fáctico, político o económico. Lo común es que las regidurías se utilicen como mercancía de cambio para obtener apoyos políticos o económicos.
La revocación o refrendo de mandato es impensable que vaya a ser aceptada con docilidad también desde las cúpulas de los partidos políticos o grupos dominantes: existe la plena certeza en ellos de que el ciudadano debe aceptar que su participación se reduce a ir a votar cada tres años por quienes ellos han decidido que elija.
Así se expresa también esta clase política y gobernante en el sentido de que es una “regla de la democracia representativa” que los cargos electos no tienen por qué cumplir sus promesas de campaña ni preguntar a sus representados en los asuntos que les atañen.
Sin embargo, en Baja California Sur las propuestas de elección por voto directo de los regidores y la revocación o refrendo de mandato son factibles de llevarse a cabo mediante iniciativas ciudadanas gracias a los mecanismos establecidos por una nueva Ley de Participación Ciudadana de Baja California Sur recién promulgada.
Ésta indica que si 1.5 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral estatal manifiestan por escrito su apoyo a estas iniciativas, el Congreso del Estado las debe recibir y discutir en su pleno. También la referida ley contiene los mecanismos de plebiscito para la promulgación de leyes o cambios constitucionales, de tal manera que incluso si los diputados estatales se resisten a aplicar estas herramientas tan naturales en una democracia los ciudadanos pueden obligar a su instauración, también, por la vía del voto.
Ninguna de estas medidas es de aplicación sencilla dadas las costumbres, los vicios y la negativa expresa de las cúpulas partidistas, la mayoría de los políticos en cargos electos y, particularmente, los gobernantes actuales de Baja California Sur, pues son renuentes a abandonar el monopolio del poder público.
Pero los ciudadanos sudcalifornianos tienen que considerar, especialmente en la crisis actual que vive su estado, si están dispuestos a quedarse cruzados de brazos viendo el deterioro o la destrucción completa de sus instituciones de gobierno, los servicios públicos y la credibilidad de la democracia electoral.
Aquí conviene que el ciudadano sudcaliforniano recuerde las palabras del sabio Hillel, aunque hayan sido acuñadas hace dos mil años en el distante país de Palestina: “Si no somos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?

3 de febrero de 2016

Punta Lobos de Todosantos: ¿qué resolvió el uso de la fuerza pública?

Sandino Gámez Vázquez


Me incluyo entre los muchos sudcalifornianos que están extrañados de que el gobierno del estado haya hecho uso de la fuerza con el propósito de terminar el plantón que ha colocado una parte muy importante de la población originaria de Todos Santos y El Pescadero contra un proyecto inmobiliario estadunidense.

El Estado tiene el privilegio legal del uso de la fuerza, pero hemos visto en persona y seguido en libros que han cruzado cientos o miles de años que el uso de la fuerza, aunque sea legítima, sólo produce más violencia. Por eso la justicia sólo la admite en legítima defensa. Un gobierno que basa su autoridad en el uso de la fuerza para resolver asuntos políticos es un gobierno muy débil.

¿Quién desea en el gobierno del estado que haya violencia contra movimientos sociales en Baja California Sur? Este caso es además muy sensible: se han documentado decenas de casos en el que las empresas inmobiliarias extranjeras han despojado de su tierra y el acceso a los recursos naturales en nuestro estado. De entrada, la historia reciente de Sudcalifornia está con los pescadores. Así como nosotros.

Más aún, dado que el Poder Ejecutivo, por voz del Secretario General de Gobierno, ha justificado la medida de fuerza como necesaria y en el mismo día de su declaratoria el juzgado segundo de distrito (Poder Judicial) ha dado el amparo a los socios de la Cooperativa Punta Lobos, la posición del Gobierno del Estado de Baja California Sur ha quedado en entredicho. ¿Qué queda después del uso de la fuerza? Los pescadores continúan su plantón y cada vez somos más los que estamos con ellos, así sea de corazón y opinión.

Una consecuencia de esta acción policíaca en favor de una empresa inmobiliaria extranjera es hacer evidente el riesgo de la concentración del uso de la fuerza pública en una sola instancia. En esto cabe sonar la alarma a todos los sudcalifornianos.

No debe haber un mando único policial en Baja California Sur bajo la dirección del encargado de la política interna del estado. Es mejor que exista una o varias corporaciones de policía estatales y cinco municipales en Baja California Sur. Es mejor para evitar arbitrariedades peligrosas similares o peores a la que este 2 de febrero de 2016 hemos visto en Punta Lobos de Todos Santos.

El poder de la fuerza pública no puede quedar en manos de una sola entidad que decide, sin orden judicial, el desalojo de trabajadores que están resguardando su fuente de trabajo.
Días antes de esto, autoridades estatales han hostigado con acciones judiciales a los líderes de los trabajadores en plantón y han acusado absurdamente de “invasión de propiedad privada” y “obstrucción de vías de comunicación” a quienes documentan y difunden todos los eventos de esa justa lucha.

No hay nada más odioso que el uso del aparato estatal para fines particulares represivos. Es un doble mal uso de los recursos públicos.

¿Cómo cerrará el nuevo gobierno la brecha profunda que esta acción ha provocado en la sociedad que le dio su confianza en las urnas? ¿Cómo se compensará el daño que se ha realizado a la imagen de la policía estatal ante la opinión pública?

sandinogamez@gmail.com





25 de octubre de 2015

Ser radical es empezar por la raíz

Sandino Gámez Vázquez



Dicen que la verdad no se transmite sino se dispone su comprensión en un arreglo indirecto. Que se acomodan objetos que indican al nuevo (o neófito) el nombre del dios. Al hablar de la patria sucede algo similar. Es imposible decir exactamente lo que pienso, pero daré un rodeo para no llegar al suelo, al menos no tan pronto.

La patria era el campo en que los romanos antiguos guardaban los restos de sus familiares, sus patres o antepasados. Era un terreno sagrado y nadie que no fuera del clan o gens (esto es, que fuera un pariente) podía pisarlo. El jefe de familia hacía, en esa época, de sacerdote de la religión familiar —básicamente un culto a los ancestros, como entre los chinos— y guardaba con celo cierto secreto que sólo transmitía a su primogénito.

El secreto era éste: mientras la patria (el campo sagrado o camposanto) perteneciera a la familia y se hicieran los ritos apropiados, la familia seguiría por siempre; porque en realidad los antepasados eran los del futuro y los del presente eran los antepasados. Por ello, cuando los romanos eran invadidos por enemigos peleaban con grande fuerza, porque no peleaban sólo por su presente sino por su siempre: su religión familiar los hizo invencibles excepto en dos o tres ocasiones.

Al acabar la época romana, al empezar la Edad Media en Europa, la relación había cambiado y la patria no existía en el sentido sagrado más que para unas cuantas familias, las poseedoras de la propiedad de la tierra por un difuso derecho llamado derecho divino, pero que tenía su origen verdadero en un derecho de fuerza. La nobleza feudal prescribía que el propietario absoluto de la tierra era el dios (a veces el dios de sus padres, a veces simplemente Dios), quien tenía un representante para establecer el gobierno entre los hombres: el rey. Siendo el representante absoluto del propietario absoluto de la propiedad de la tierra, el rey disponía para algunos de sus allegados grandes extensiones de ésta, con todo y mujeres y hombres, para que la defendieran y se sirvieran de ella. Cuando este hombre, señor feudal, caballero, conde, marqués, duque, etc., combatía contra un enemigo, lo hacía en defensa de sus derechos de propiedad, no porque ésta, la propiedad de la tierra, fuera sagrada; porque todo era sagrado en vista de su posesión absoluta por el dios. Ni siquiera el panteón familiar recibía grande atención, porque la religión medieval implicaba una paradoja entre vida, muerte y fama que se resolvía con la erección de estatuas en las tumbas de los muertos y la crónica por escrito de su vida, para su (casi) eterna fama. Para el reposo del alma ya había un lugar fuera de la tierra (a veces arriba, a veces abajo), como puede verse en Dante.

La patria no tuvo sentido nuevamente sino hasta la revolución francesa y el reinvento por los burgueses de la república. La república necesitaba a la patria tal como los señores feudales necesitaban la idea de la fidelidad al dios. Los burgueses declararon que todos los hombres eran iguales (tardarían más de un siglo en señalar lo mismo para las mujeres) y por tanto, en el gobierno de los hombres no podían existir relaciones de subordinación sino por la función encargada (por todos los hombres) a sus gobernantes. Así pusieron el nombre de ‘presidente’, esto es ‘el que se sienta primero’, al que tenía la más alta responsabilidad, bajo la idea de que sólo tendría este privilegio: que una vez reunidos todos (pues la república es la cosa pública: los asuntos comunes), estando todos de pie, él sería el primero en sentarse. Ni siquiera sería el primero en hablar, para eso habría un ‘vocal’ (y aquí se ve también la idea de república que tenían los tenochtitlanos, porque llamaban ‘el que habla primero’ a su gobernante).

Conocedores de la vieja historia de Europa, los burgueses republicanos del siglo XVIII, rehuyeron de la paternidad del dios feudal, eclesiástico y católico, y escogieron la protección de una antigua divinidad femenina del Mediterráneo o, más bien, decidieron utilizar sus atributos para simbolizar a la república y la patria. La figura más emblemática, que reúne en el título de La Libertad los atributos de la república y la patria, es la pintada medio siglo después por Delacroix: una mujer con gorro frigio, los senos al aire y sosteniendo la bandera de Francia como árbol, que encabeza una carga del pueblo de Marsella, hasta entonces escondido en una trinchera. Esta alegoría de la patria dando ánimo al pueblo para su defensa se propagó igual que una epidemia entre casi todas las naciones que luchaban por su independencia al principio del siglo XIX en América. Más que la seriedad masónica, hierática, fálica y patriarcal de los independentistas estadunidenses; los pueblos hispanoamericanos siguieron el modelo francés (al inicio, al menos) y construyeron su símbolo de patria ayudados por la feminidad genérica de la palabra y el uso natural de la diosa madre de los habitantes originales de la mayoría de sus países, los indios.

La patria que poseemos nosotros en nuestro lenguaje (incluso algunos en su mente y sus corazones), luego de tener su justificación europea, fue pronto identificada con Guadalupe, antes Tonantzin, que es como decir, ‘la dueña de los días’ o ‘madrecita’, una divinidad muy difundida en casi todo lo que hoy es México, excepto en una gran zona del noroeste. Guadalupe fue el símbolo que sirvió de unificador entre las élites mestizas y las criollas al decretar la independencia de México en 1821. Pero su uso guerrero (es decir, para convocar a los indios a la guerra) fue sustituido con rapidez, dando paso a una alegorización de su figura similar a la de una cueva: oscura, profunda e inmoble.

La patria adquirió su sentido bélico nuevamente sólo hasta que el país fue invadido por Estados Unidos entre 1846-48 y le fue mutilada la mitad de su territorio. Su caracterización no fue, sin embargo, la de una mujer indígena como Tonatzin. Los indios (todavía mayoría en la población mexicana) ya no fueron llamados a las armas para defenderla. De hecho no participaron más que forzados por la “leva” o conscripción obligada. Y también, ¿por qué lo harían? Quienes debieron (y lo hicieron muchos, es cierto) eran los criollos y los mestizos. La república era de ellos. Los indios, a decir de Manuel Payno, eran sólo parte del paisaje, y sólo dejando de ser indios serían mexicanos, dijo luego Ignacio Manuel Altamirano. Pero se sabe también que varios pueblos indígenas ofrecieron pelear contra el invasor estadunidense a cambio de derechos de propiedad sobre sus tierras y la exención de las alcabalas y otros tributos que les tenían impuestos. Horrorizados por las consecuencias políticas, económicas y sociales que provocaría el dar igualdad jurídica a los indios, la república de los criollos prefirió perder la mitad del territorio nacional (pero sólo, por supuesto, donde no tenían grandes intereses económicos).

En esta época tan cómica y tan trágica, tan irónica, cuando el salvador de los criollos era Santa Anna, se construyó la primera simbología de la patria que conocemos en nuestras vidas infantiles, la del himno nacional: “Ciña, ¡oh patria!, tus sienes de oliva / de la paz el arcángel divino; / que en el cielo tu eterno destino / por el dedo de Dios se escribió.”

Así los criollos mexicanos ajustaron la paradoja de sus derechos de posesión sobre esta tierra excluyendo de ella por completo y durante casi un siglo a los indios. El significado de esta estrofa es similar en sentido e intención a la idea medieval sobre el origen del poder del rey. A esta nueva nación, llamada mexicana, el dios le confería la posesión de la tierra a través de un ángel que la coronaba con una rama sagrada de olivo. Igual que el rey de la época medieval, ahora la patria devenía en la representante absoluta del dios en la tierra.

Desde entonces tenemos una confusión muy difundida entre patria y nación. Culpa de la rima, quizá, culpa de la idea: no la patria, sino la nación es la que siempre peligra; no la patria sino la nación es la que ordena.

Pasaron setenta años para que esto se aclarara en su fundamento. En 1921, Ramón López Velarde nos dijo dos veces por dos vías: “nuestro concepto de la Patria es hoy hacia dentro. Las rectificaciones de la experiencia, contrayendo a la justa medida la fama de nuestras glorias sobre españoles, yanquis y franceses, y la celebridad de nuestro republicanismo, nos han revelado un Patria no histórica ni política, sino íntima.”

Luego el poeta nos diría cómo darle un nombre más apropiado: suave patria, patria suave. Alejándola así de la sangre y la guerra del poema y la época del santannista Bocanegra. Luego, más cerca de nosotros, los poetas y pintores la han hecho morena. José Emilio Pacheco elaboró, cuando más oficial (y borrosa y detestable) se hacía la idea de patria, su poema “Alta traición”, destinado a remarcar la idea de patria de López Velarde: a mí qué me importan las guerras y los héroes, qué me importa la independencia o la revolución, pero mi vida daría, dice el poeta, por cierta selva y aquel desierto, una montaña y tres o cuatro ríos. Jorge González Camarena, casi al mismo tiempo, hizo una alegoría nueva sobre la patria, que ya estaba en algunos murales de Diego Rivera, pero en actitud sumisa y perdida: ahora González Camarena la puso de pie y soberbia: una mujer mestiza vestida de blanco y su moreno rostro como escudo (como el corazón) de una bandera que sostiene con su mano izquierda. ¿Luis González?, un historiador o muchos decidieron dar un nuevo nombre, una versión sintética, más clara y antigua, de esta suave patria color de la tierra: le dieron el nombre de ‘matria’, y quizá acertaron. Pero la patria sigue siendo la pública y la política por ser la del habla, todavía (especialmente en el discurso televisado). La matria aún es un misterio de los sentimientos originales. Matria, como materia, como madera, es la construcción primera de la esencia de las cosas.

Patria, matria. Sólo alejándola de las banderas y los himnos y las reyertas. Vale sólo sentirla. Leerla o escucharla sólo cuando es pronunciada por los labios o escrita por los dedos de un verdadero poeta, como Velarde o Pacheco, o vista por un pintor como Rivera o González Camarena. De lo contrario va a resultar carente de honor o, como en el caso de su uso por muchos de nuestros líderes y gobernantes, va a resultar algo muy cercano a lo que llamaban los antiguos la blasfemia, con las consecuencias nefastas del caso. En esto cabe ser radical —como jebusita, jacobino o zapatista— y no andarse con medias tintas.

El sentimiento, patria, el pensamiento, matria. O a la inversa: tan igual. Como para no expresarse sino guardarse como el viejo secreto de los primeros romanos. Así no sólo la tierra sino los corazones. Así no sólo el pasado sino el presente.

Así quizás un futuro.

21 de octubre de 2015

Lunas de Octubre: un éxito

 Sandino Gámez Vázquez





En un ambiente carente de revistas culturales y en el que los medios de comunicación digitales o impresos adolecen de análisis sobre las ideas detrás de las acciones del sector público, es de gran importancia que Raúl Cota Álvarez haya abierto una discusión sobre la política cultural del gobierno del estado. La cultura es un asunto importante. Desarrolla pueblos.

Hay que reconocer que su texto “Lunas de Octubre: Renovarse o morir” llama la atención sobre aspectos fundamentales para el desarrollo cultural de los sudcalifornianos, y expone una justa demanda para la rendición de cuentas sobre el destino de los recursos públicos en el sector cultural.

Esperamos que haya más textos similares para enriquecer este debate. Aquí deseamos exponer nuestros puntos de vista sobre los mismos aspectos, pues nos consideramos obligados de aportar lo que sabemos en la experiencia de un servicio público de cuatro años.

Es evidente, para nosotros, que del funcionamiento del Estado y del uso de la riqueza pública muchos colegas escritores conocen de manera particular sólo el de “las instituciones culturales”, de las cuales en los últimos años parece que sólo existiera el Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

De las numerosas instituciones culturales del pueblo sudcaliforniano éste es el único que lleva la palabra “cultura” en su razón social y de ahí parece surgir la confusión. Lo cierto es que todo el sector educación y desarrollo social, así como los organismos descentralizados de atención a la mujer, juventud e inclusión para las personas con discapacidad realizan acciones basados en políticas culturales. ¿Acaso las campañas de prevención del sector salud no son culturales?

Nosotros expusimos un plan de desarrollo cultural para el estado de Baja California Sur y el primer pensamiento de muchos es natural que sea: “Está buscando el empleo de director del Instituto Sudcaliforniano de Cultura”, porque en el contexto en que emitimos nuestra idea hay una falta grave de credibilidad en los funcionarios de los tres niveles de gobierno y en todo lo que huela a “político” en su acepción popular. Por ello nosotros no vemos este artículo de Raúl Cota como una solicitud de empleo: hay que hablar de estos temas para que exista información pública precisa y participación colectiva constante para construir un mejor presente.

Aprovecharemos su secuencia de ideas para exponer las nuestras. Hemos comprendido su texto en tres partes, pero abordaremos sólo las dos  últimas. Su relación con Edmundo Lizardi no nos interesa.

La que corresponde a la realización del XII Encuentro Literario Lunas de Octubre, del 15 al 17 de octubre, en el Centro Cultural La Paz, es la segunda. Con gusto la responderemos punto por punto y brevemente.

Dado que comienza expresando su aprecio por el trabajo de la Coordinación de Fomento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura, para luego demeritar ese mismo trabajo, creemos que ha tenido poco acceso a información de primera mano. Asistió al encuentro y participó cortésmente como ponente y presentador. Es una lástima que no lo disfrutara de manera plena. Es evidente también que desconoce cómo se administran los recursos públicos y solicita actos de magia en lugar de planes de trabajo.  De eso hablaremos en otra parte. Ahora lo de las Lunas:

1. Aunque surgieron como iniciativas ciudadanas, desde el año 2012 el Encuentro Literario Lunas de Octubre y el Encuentro de Escritores Sudcalifornianos han sido organizados y realizados por la Coordinación de Fomento Editorial. La participación de sus fundadores ha sido consultiva, honoraria y pertinente.

2. El encuentro se ha realizado en el mismo lugar desde 2012: el Centro Cultural La Paz. Este recinto, antiguo palacio municipal, es el más antiguo edificio de uso público de la ciudad y se encuentra a unos pasos del hotel sede. Los participantes pueden disfrutar el centro histórico de la ciudad, pasear por el malecón y movilizarse por sus propios medios a la sede del evento. El edificio, fundado en 1910, nunca ha tenido la infraestructura necesaria para discapacitados motrices (¿qué recinto público estatal la tiene?, avísenos cuál, por favor). Pero cuenta con un personal muy responsable que ayuda a cualquier persona que lo necesite a subir al segundo piso. Los organizadores no marginamos a “quienes usan silla de ruedas y a quienes tienen otras limitaciones para acceder a estos espacios”.

3. Cuando Raúl Cota describe un “diseño de convocatoria, carteles y toda la promoción y difusión de muy baja calidad, plagado de clichés e imágenes facilistas, mostrando un desgano en la elaboración de la primera cara del encuentro” sólo podemos creer que lo hace para llamar la atención general sobre lo que describe, pues hablar de esto es confundir la estética con la estática. Un chiste como el de Marsias. En realidad el diseño fue elogiado por asistentes y ponentes, todos los carteles (hechos en serigrafía) fueron despegados a la última hora para conservarse como recuerdo, igual que la bolsa y la libreta conmemorativa. Las “imágenes facilistas” tuvieron un efecto notable: tres niñas se integraron como público durante los tres días. La lona con la imagen a la entrada del recinto las hizo pedir a sus padres que las llevaran al encuentro.

4. El XII Encuentro Lunas de Octubre tuvo 90 participantes como ponentes, 45 foráneos. La convocatoria estuvo abierta dos semanas. El programa fue estructurado para dar quince minutos a cada participante. Se avisó de ello desde la convocatoria. Por supuesto, quienes sólo tienen el plan de acudir a dar su ponencia o lectura e irse resienten mucho los retrasos en el programa. Pero el sentido de un encuentro literario no es ir a leer quince minutos y largarse. Eso se llama egocentrismo, falta de cortesía o timidez. Las virtudes de un encuentro literario como Lunas de Octubre o el de Escritores Sudcalifornianos tienen mucho qué ver con las relaciones que suceden fuera de las mesas de ponencias. Eso quizá sólo puede comprenderse acudiendo a más encuentros literarios y quedándose más tiempo en ellos.

5. Dice que “la difusión del evento casi no existió fuera de las redes sociales”. Es el problema de nuestro tiempo, ¿cómo creerle que estuvo al pendiente de todos los medios? El encuentro tuvo una conferencia de prensa previa, entrevistas en televisión y radio, y carteles.  Por supuesto, dado que somos un área muy pequeña de un instituto pequeño dentro de un aparato público estatal muy grande, el acceso a los medios de comunicación privados o públicos es muy breve o casi nulo.

6. Dice que “no hay interés en que el resto de la sociedad se entere y participe”: no estaríamos trabajando donde estamos si así fuera. Aquí hay servidores públicos, no vegetantes. Además de los ponentes (90) hubo una numerosísima asistencia. Mañana y tarde de los tres días fue difícil encontrar asiento como espectador. ¿Cómo no va a haber funcionado la difusión y promoción del evento? ¿Cómo es que llegaron y se quedaron todas esas personas?

7. Para terminar Cota Álvarez emite un juicio de valor sobre la importancia del evento: “Ha sido agradable tener a escritores del municipio de Los Cabos y del interior del país, escuchar su trabajo y compartir puntos de vista. Pero ¿es necesario gastar en un evento así?, ¿se justifica el destino del recurso a un encuentro de elogios mutuos, sin propuestas, sin diálogo con el público?” De haber revisado el programa impreso habría visto que no sólo vinieron escritores de Cabo San Lucas y San José del Cabo, también de Todos Santos y Constitución. Del país llegaron de Yucatán, Veracruz, Coahuila, Chihuahua, Sonora, Baja California Norte, Sinaloa y el Distrito Federal. También de Estados Unidos y España. La logística para esto es muy difícil y hay errores normales pues aquí hay seres humanos, no máquinas. Nuevamente, si hubiera permanecido y disfrutado el encuentro habría percibido las muchas ocasiones en que hubo diálogo de los ponentes con el público, cuando no en la participación ante el micrófono, sí en los momentos posteriores.

8. Todo lo que se realice con dinero público puede ser un gasto a fondo perdido o una inversión que genere resultados. La Coordinación de Fomento Editorial del ISC trabaja sobre tesis probadas de fomento a la lectura del libro sudcaliforniano. Lunas de Octubre y el Encuentro de Escritores Sudcalifornianos forman parte de un programa anual de estímulo a la formación de lectores, la promoción de escritores sudcalifornianos y la valoración del libro y la lectura. Durante la primera parte del año se realiza la Semana del Libro Sudcaliforniano (abril, por el Día Internacional del Libro) y el Encuentro de Escritores Sudcalifornianos (junio, porque es cuando llega regularmente el subsidio federal). En la segunda parte del año están las Lunas de Octubre y la Feria del Libro de La Paz (noviembre, por el Día Nacional del Libro). El propósito de tantos eventos es la promoción pública estatal permanente del libro y la lectura, en especial de los libros de temas o autores sudcalifornianos. Pensamos en los lectores, no en vacas sagradas.

9. En “las Lunas” los escritores sudcalifornianos pueden conocer a sus pares o colegas de otros estados o países, y recibir invitaciones o darse a conocer fuera del estado gracias a ellos. Diversos invitados a Lunas de Octubre viajan a otras ciudades del estado de manera previa o posterior al encuentro para atender pláticas, conferencias, presentaciones de libros o talleres. En La Paz acuden a otras instituciones para conversar con estudiantes o públicos específicos, especialmente en situación vulnerable. No hay eventos similares en el país (con excepción de El Asedio de los Signos, de Sonora) en los que los participantes vayan y platiquen ante públicos escolares o específicos como algo adicional a sus ponencias. Nosotros internamente le llamamos “el factor La Paz”, con el que logramos convencer (o seducir) a invitados especiales, primero, a venir y, segundo, a compartirse con los sudcalifornianos. Esta utilidad es cualitativa, no cuantitativa, aunque tenemos indicadores de estos últimos: aumento constante en la participación en todas las actividades de la Coordinación de Fomento Editorial del ISC y un aumento progresivo en la compra de libros sudcalifornianos. Por supuesto que hace falta mucho. Para empezar recursos: humanos, materiales y financieros. Sería bueno que nos enseñara dónde cree que están. Ideas sobran.

Finalmente, para esta parte, su intención de “reunir a creadores de todos los municipios todos los años frente al público, no frente al espejo” como ilusión prometeica es una imagen noble y generosa, pero es necesario que la explique con mayor amplitud. Implica que hay unos creadores y un público.

Ahora, por ejemplo, estamos frente al público. Pero, ¿dónde están los “creadores”?

21 de julio de 2015

El debate sobre la familia en Sudcalifornia

Sandino Gámez Vázquez




En Baja California Sur ha surgido recientemente una campaña de promoción de las “familias naturales” y se ha generado una reacción indignada en el colectivo gay de La Paz, el cual ha organizado una marcha de orgullo y se propone entregar una iniciativa ciudadana para motivar que la Secretaría de Educación Pública del estado explique a los educandos la existencia de familias conformadas por parejas del mismo sexo.

La campaña y la respuesta están en el contexto de una sanción particular de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la constitucionalidad de los derechos jurídicos matrimoniales y familiares para parejas homosexuales, idénticos a los de las parejas heterosexuales.

La determinación de legalizar los derechos conyugales de las parejas del mismo sexo es un justo fin a la marginación y represión histórica que han tenido en las leyes las personas homosexuales. Aunque persiste una visión social conservadora, el hecho concreto de que el Estado haya eliminado la última penalización de la homosexualidad en nuestro país ha sido un adelanto en el respeto a los derechos humanos de los mexicanos.

El propósito de igualdad ante la ley que estableció la segunda república en la Constitución de 1857 otorgó garantías individuales que ahora son naturales a la generación presente, pero requirieron décadas para establecerse en la realidad cotidiana. Estos derechos individuales, junto a los derechos sociales fueron la bandera de la Revolución Mexicana y quedaron plasmados en la Constitución de 1917.

Los constituyentes de 1857 y 1917 fueron, para nuestro tiempo, claro, muy conservadores: los hombres eran iguales ante la ley. Las mujeres no. ¿Pero quién niega el gran avance en los derechos de las mujeres que significó la laicización del matrimonio que instauraron las leyes de Reforma?  Sin embargo, el matrimonio laico sólo fue propiamente constitucional en 1917. “El matrimonio es un contrato civil”, dice el tercer párrafo del artículo 130 del texto original. Este artículo establecía la competencia absoluta del Estado sobre los asuntos civiles. Pero en la Constitución vigente de 2015 sólo se menciona la palabra matrimonio una vez, en la extensión de derechos de ciudadanía a los extranjeros que se casen “con varón o mujer mexicanos”.

La plena igualdad de la mujer ante las leyes ha sido un proceso largo en México. El derecho al voto se obtuvo hasta la década de 1950, el derecho a ser votadas tardó una generación más. ¿Y qué decir de los derechos reproductivos, es decir, los que implican el propio cuerpo? Ha sido una conquista más bien reciente.

Desde 1973 la Constitución federal (Artículo 4º) declara: “El varón y la mujer son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia” y enseguida el texto constitucional garantiza para “toda persona” los derechos reproductivos, alimentarios, de vivienda, salud, acceso a la cultura y otros.

Esta redacción tan cuidada ha sido uno de los argumentos principales para legalizar los derechos familiares de las parejas del mismo sexo. Nada hay (ni ha habido) en la Constitución que prohíba los derechos conyugales entre personas del mismo sexo. Por lo tanto, de estas parejas también pueden surgir familias, por procreación o por adopción. Las leyes se han hecho, así sea teóricamente, para proteger a todas las familias. Si se clasifica a las familias y se da derechos diferentes por sectores, se vulnera el principio de igualdad jurídica.  Por el contrario, las políticas públicas y de gobierno, sustentadas en la Constitución, están obligadas a beneficiar a los sectores vulnerables.

El artículo 4º especialmente manifiesta la responsabilidad de las leyes y de las acciones del Estado para garantizar la protección a la niñez. Los argumentos sobre posibles daños sicológicos a los niños de familias formadas por parejas del mismo sexo son claramente discriminatorios. Se basan en prejuicios. Es previsible que un estudio revelará que la proporción de familias disfuncionales es idéntica en parejas del mismo sexo que en las heterosexuales. La tasa de divorcios (de matrimonios heterosexuales) en Baja California Sur es una de las más altas del país. ¿Acaso no es el mayor riesgo de descomposición de una familia cuando la pareja se divorcia? ¿Pero se quitará el derecho al divorcio a esa pareja como una medida de cohesión familiar? Afortunadamente en nuestro tiempo no existe la discriminación hacia las personas divorciadas, ni existe más la definición de hijos “naturales” o “ilegítimos”. Los progenitores quedan obligados con los infantes por el sólo hecho de serlo.

Una campaña a favor de las familias sudcalifornianas no debería plantearse en términos de hetero u homosexualidad. La sexualidad ha sido legal y apropiadamente constreñida al ámbito de la intimidad individual. Tampoco puede basarse en la superioridad de un tipo de familia sobre otra u otras (¿en dónde se colocan aquellas familias formadas sólo por un padre o sólo por una madre?).

Más bien una campaña así debería ayudar a recuperar el propósito constitutivo de la familia como la base de la sociedad mexicana en los términos que manifiesta claramente el artículo 4° Constitucional: conseguir mejores políticas y acciones públicas y de gobierno para las familias en salud, vivienda, educación de los hijos, medio ambiente, movilidad, deporte y cultura. De otra manera estamos ante un mero debate de emociones.

Heterosexuales y homosexuales, mujeres y hombres, mexicanos, sudcalifornianos: es un triunfo la igualdad jurídica entre los individuos, las parejas o las familias. Luchemos juntos ahora por la justicia social.



sandinogamez@gmail.com