28 de diciembre de 2012

2012, año de la lectura en Baja California Sur


Sandino Gámez Vázquez*

Leer es un derecho humano y constitucional. La lectura permite el acceso directo a las fuentes de la cultura y provee de una parte grande del patrimonio intangible que tiene unida a la nación: la historia y la lengua. Es una historia que nos otorga la noción de un pasado común y nos dota por lo tanto de un presente y un futuro compartidos. Es una lengua que permite abrevar en mil años de conceptos y tradiciones de pensamiento y acción, y sirve de puente hacia las tradiciones de otras lenguas.
Pero también hay un sentido práctico por el cual saber leer es un derecho humano y debe estar garantizado su acceso como una obligación del Estado: nuestra sociedad se basa en la letra escrita para plasmar los derechos sociales fundamentales.
Por sí sola la lectura se hace indispensable en la formación que una comunidad da a sus individuos: porque los hace ciudadanos que pueden conocer su tradición, su historia y sus derechos. ¿Hace mejores ciudadanos la lectura? Visto de una manera positiva sí: porque el conocimiento social adquirido por los lectores refuerza el compromiso con la comunidad y la obligación cívica. Aunque esto no sucede de manera absoluta: tenemos grandes lectores que han sido una desgracia para sus comunidades, para sus países o para el planeta. Así como iletrados, analfabetas y ágrafos que han sido causantes de las mejores cosas que hoy disfrutamos en el mundo.
Por ello la defensa de la lectura como derecho humano y constitucional no versa sobre su “bondad” en un sentido moral o ideal, sino por un sentido práctico y estratégico, para la nación o para el Estado, para la cohesión y prosperidad de nuestras comunidades, y para la convivencia armónica con nuestros contemporáneos.
El Estado, como administrador de la cosa pública, debe garantizar el acceso a la lectura y para ello requiere de instituir una política pública que fundamente los planes, programas y acciones de los tres poderes. Por lo común en nuestro país se confunde esta política pública con la política de gobierno, y se deja en este último la responsabilidad entera de garantizar el derecho. Sin embargo, el poder que hace las leyes y el poder que las interpreta también están obligados. La iniciativa de esta política pública, claro está, puede comenzar a generarse desde una política de gobierno, como está previsto en las leyes.
En el caso mexicano, la actual política de gobierno está contenida en la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 24 de julio de 2008. Es un documento que evidencia sus limitantes desde el momento que se coloca de manera única dentro de las “garantías constitucionales de libertad de escribir, editar y publicar libros sobre cualquier materia, propiciando el acceso a la lectura y el libro a toda la población” (artículo tercero). Su propósito original es garantizar los derechos de quienes producen los materiales de lectura; y sólo indirectamente garantiza los derechos de los lectores. No define en momento alguno qué se entiende por lectura en esa normativa y es, en general, una ley declarativa de buenos propósitos y decorativa en sus consecuencias prácticas. Crea un consejo federal de fomento a la lectura y el libro, y obliga a los estados de la federación a hacer lo mismo.
En Baja California Sur, el Gobierno del Estado, presidido por Marcos Covarrubias Villaseñor (2011-2015), basado en esta ley federal instaló en octubre de 2011 el Consejo Estatal de Fomento a la Lectura. El consejo está presidido y técnicamente organizado por la Secretaría de Educación Pública de B.C.S., y se encuentra conformado por diversas secretarías, las direcciones de cultura de los ayuntamientos, diputados locales, representantes del Tribunal Superior de Justicia, representantes del gremio de comunicadores y de los escritores sudcalifornianos.
Por parte, la XIII Legislatura del Congreso del Estado aportó el borrador de una iniciativa de ley estatal de fomento a la lectura, muy similar a la ley federal. Además, significativamente, declaró al año 2012 como año de la lectura en Baja California Sur.
Ha transcurrido más de un año desde que comenzara este proceso de generación de una política de gobierno en materia de lectura en el estado y el avance ha sido sustancial, aunque poco visible: la reflexión sobre la ley, los programas y acciones de fomento a la lectura, y el conocimiento de experiencias distintas generó una toma de conciencia en quienes dirigen los organismos encargados de la política de gobierno sobre las implicaciones del fomento a la lectura y al libro. Por su parte, tanto el Consejo Estatal de Fomento a la Lectura como la Comisión de Asuntos Educativos y de la Juventud del Congreso del Estado han sido receptivos a establecer un planteamiento nuevo y sólido para dar origen a una política de Estado que no se encuentra en la ley federal. Como intentaremos mostrar en entregas siguientes, esta dirección incide benéficamente en el ámbito estructural de la sociedad sudcaliforniana, en lo cultural, la participación política y la productividad económica alrededor de la letra escrita.
En resumen, puede decirse que se cumplió, así sea en lo general, con el propósito del legislativo que decretó a 2012 como año de la lectura en Baja California Sur: comenzó la atención institucional en el tema. Las acciones que se realizaron en este sentido desde el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y la Secretaría de Educación Pública tuvieron una utilidad de diagnóstico y ensayo.
Como veremos, este 2013, aunque no lleve un decreto de por medio, será el año del acceso a la lectura. Así quizá el 2014 podría ser el “año del libro” en esta California mexicana, todo depende de cuánta atención dedique ahora la sociedad civil sudcaliforniana, los ayuntamientos y los comunicadores de la iniciativa privada a este propósito de construir ciudadanos conscientes, informados y participativos para el mejoramiento de nuestras comunidades.


*Coordinador de Fomento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. sandinogamezisc@gmail.com.

26 de enero de 2012

El Caimancito: Una casa presidencial estatal



El Instituto Sudcaliforniano de Cultura se encuentra editando el libro ‘La casa presidencial del Caimancito’. La instrucción para realizar esta obra de carácter histórico provino del gobernador del estado, Marcos Covarrubias, como una idea original para celebrar la remodelación del equivalente sudcaliforniano de la casa presidencia federal de Los Pinos.

El Caimancito, como es bien conocido, fue construido con dinero de la federación durante la presidencia de Miguel Alemán (1946-1952), que coincidió con el periodo de Agustín Olachea como jefe político del Territorio Sur de la Baja California (1946-1956). Miguel Alemán, el constructor de Acapulco, se había hecho de grandes extensiones de tierra en las cercanías de La Paz, así como Agustín Olachea en El Mogote, previendo sin duda que llegaría un día en que la bahía sudcaliforniana alcanzaría el destino de la bahía guerrerense.

¿Cuál es el papel que tuvo la casa presidencial del Caimancito en la vigorosa vida cultural que tuvo la ciudad de La Paz en la década de 1950? Baste decir que en ese lugar en 1958 se escenificó teatralmente por vez primera el desembarco de Hernán Cortés, dando por formalmente inaugurada la celebración de las Fiestas de Fundación de La Paz que el gobierno del estado y el ayuntamiento de La Paz están obligados por tradición a organizar cada 3 de mayo.

La casa presidencial fue entregada como un obsequio material y simbólico de la federación al nuevo Estado Libre y Soberano de Baja California Sur, nacido en 1974. La transición de una casa de descanso del presidente de la república a residencia protocolaria del gobernador del estado sudcaliforniano fue un homenaje federal a la soberanía y el orgullo estatales. Así como el presidente tiene la casa presidencia de Los Pinos en Chapultepec, así el gobernador de Baja California Sur debía tener El Caimancito.

Para lo que queremos reflexionar aquí debe recordarse que la casa presidencial de Los Pinos fue establecida por el presidente socialista Lázaro Cárdenas, para evadir el aura monárquica que tenía el Castillo de Chapultepec debido a su uso como residencia y despacho por Maxiliano de Habsburgo, Porfirio Díaz y Álvaro Obregón. También por los inconvenientes prácticos de vivir en Palacio Nacional, como lo habían hecho Benito Juárez o Francisco I. Madero. Los Pinos fue, en este sentido, como muchas de las acciones del cardenismo: un acto concreto para marcar distancia con el pasado autoritario y al mismo tiempo para facilitar la tarea de gobierno.

Un propósito o justificación similar, o al menos una parte de ella, debió ser el motivo por el cual el quinto gobernador sudcaliforniano, Leonel Cota, determinó la conversión de El Caimancito en un espacio público ajeno al protocolo gubernamental. Junto con la venta del avión del gobernador y la transformación del edificio usado en comodato por el Partido Revolucionario Institucional en Albergue de Asistencia Social (administrado por el DIF estatal) para los usuarios foráneos del Hospital Salvatierra, la acción del quinto gobernador planteaba un mensaje sobre la dirección de su política y su alejamiento del cuarto gobernador, Guillermo Mercado.  La casa de El Caimancito primero se remodeló para que funcionara como un acuario y después como centro de convenciones. Ambos proyectos fracasaron y el lugar quedó semiabandonado. Luego, durante el periodo de Narciso Agúndez vio perder medio kilómetro de playa y arrecifes, por la privatización del terreno destinado a crecimiento futuro.

La remodelación que ha iniciado este año, además de las simbólicas, tiene justificaciones económicas: los integrantes del gobierno del estado, el congreso y el tribunal superior de justicia requieren de un recinto para recibir de manera protocolaria a sus pares de la federación, de otros estados y de otros países. El gasto de dinero público por la renta o acondicionamiento de locales, hoteles, restaurantes, salones o centros de convenciones se verá así disminuido, al menos en la capital del estado.

En cierta forma, es un nuevo inicio de la historia de esa casa. Estamos seguros que la investigación organizada por la directora del Archivo Histórico del estado, maestra Elizabeth Acosta, y la redacción encargada al escritor Christopher Amador —en su calidad de coordinador de la Red Estatal de Bibliotecas y reconocido autor de un gran número de composiciones literarias— generará investigaciones e interpretaciones subsiguientes sobre sus cualidades prácticas y sus usos simbólicos.

Las casas de gobierno no son meros edificios de habitación y oficina del ejecutivo o jefe político en turno. Su arquitectura y ubicación dan un mensaje claro sobre el uso del poder público: la “casa del rey”, único edificio administrativo remanente de la época colonial en La Paz, construida en piedra, fue destruida por el ejército estadunidense antes de abandonar la península luego de la invasión de 1846-1848. En 1881 la primera casa de gobierno del jefe político local fue construida adyacente a la plaza principal, hoy Jardín Velasco, de frente a la catedral. Su destrucción en la década de 1960, bajo criterios de ruina estructural, fue vista como una afrenta por los sudcalifornianos. Fue decidida por un jefe político que por sus acciones prepotentes hizo renacer el Frente de Unificación Sudcaliforniana, un comité ciudadano que se creó con gran prestigio durante el gobierno de Francisco J. Múgica (1941-1946). La agrupación de los años 1960 fue continuada por el movimiento Loreto 70 que, al igual que la anterior pero con otros protagonistas, enarbolaba la demanda de “gobernador nativo o con arraigo”. ¿A qué se debió que una de las primeras acciones del primer gobernador de Baja California Sur, Ángel César Mendoza Arámburo fuera reconstruir la casa de gobierno y abrirla como espacio público para uso cultural en 1981? ¿Acaso no fue por un clamor popular? (Hay preguntarse también por qué todos los gobiernos dejaron inconclusa la construcción: nunca cerraron la cuadra e incluso hoy una asociación de comerciantes la usufructúa como estacionamiento y proyecta una plaza comercial privada.)

No sólo tienen significado la estructura física o la ubicación geográfica del edificio público donde despacha o reside el gobernador o jefe político: también la manera como se le denomina. Por ejemplo, lo que conocemos hoy como el Centro Cultural La Paz, fue hasta 2005 Palacio Municipal. Pero cuando se construyó e inauguró en 1910 se le llamaba oficialmente Casa de la Ciudad, y desde ella despachaba el presidente municipal de La Paz. ¿Cuál es la diferencia entre una Casa de Gobierno y un Palacio de Gobierno? ¿O entre una Casa de la Ciudad y un Palacio Municipal? La respuesta es ideológica: la denominación de “palacios” para los recintos administrativos o de protocolo de los jefes políticos es una reminiscencia colonial y monárquica que los gobernantes locales sudcalifornianos evitaron entre 1881 y 1914. El uso de la denominación “casas” —aunque los edificios no tuvieran el uso habitacional de la autoridad política sino el meramente administrativo— elimina el carácter aristocrático y establece uno republicano. En las repúblicas, como se sabe, todos los ciudadanos son iguales ante la ley y se gobiernan con un presidente, una palabra que significa: ‘el que se sienta primero’.

¿Pero quién vive o despacha en un palacio?

Esta es una reminiscencia virreinal que también permanece en la denominación de “gobernador”. Cuando se decretó la república como forma de gobierno en México en la primera constitución política (1824) se eliminó el título de emperador y el resto de las denominaciones aristocráticas, y se estableció el cargo de “presidente”. También se sustituyó el de “alcalde” por “presidente municipal”. Pero se conservó el nombre y cargo de “gobernador”. La estructura republicana mexicana: presidente de la república > gobernador > presidente municipal, claramente tiene un fallo de coherencia. El gobernador de una entidad federativa, desde el nombre, se le están otorgando cualidades no republicanas que hacen muy evidentes las fallas democráticas en la composición del poder al interior del Estado, en nuestro caso el sudcalforniano.

Parecerá ingenuo creer que modificar el título del jefe del poder ejecutivo estatal redundará en una mayor democratización de la vida política local, pero al menos sería una curiosidad notable a nivel nacional: sólo los sudcalifornianos tendríamos un “presidente estatal”. Así podríamos presumir de contar con un “Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”, un “Presidente del Estado Libre y Soberano de Baja California Sur” y cinco “Presidentes de los Honorables Ayuntamientos”. En cierta forma sería un acto de demostración de la auténtica soberanía y libertad del pueblo sudcaliforniano.

Pero más notable sería que los sudcalifornianos y sus gobernantes tuvieran así siempre presente el propósito general de la separación de los poderes del Estado y el propósito particular de la concentración del Poder Ejecutivo estatal en una sola persona.

En este sentido podemos ver que el título escogido por los editores del libro proyectado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura es gratamente apropiado. El libro ‘La casa presidencial de El Caimancito’ quizá marque así el inicio de una renovación no sólo física sino simbólica y política para un estado de la nación mexicana que cumplirá cuarenta años de edad el 8 de octubre de 2014.

¿A quién no gustan los cambios que mejoran lo que disfrutamos todos? Nuestra vida política, los espacios públicos, el fondo y la forma.

Finalmente, ante tan relevante misión que tienen los investigadores asignados a la edición del libro, es sencillo prever el buen éxito de sus esfuerzos. Tanto Acosta como Amador han realizado ediciones de libros muy importantes o significativos antes. Basta con mencionar ‘La guía familiar de Baja California (1700-1900)’ —editada recientemente por el Archivo Histórico que lleva el nombre de su autor Pablo L. Martínez— y el primer libro sobre Víctor Bancalari, un muy conocido pero hasta ahora poco leído escritor sudcaliforniano: ambos son iniciativas de Acosta, la primera, y de Amador, la segunda.

Insistimos en expresar nuestra esperanza de ver aparecer múltiples esfuerzos de investigadores particulares y especialistas académicos que secunden la labor de estos comprometidos y capaces servidores públicos del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

sandinogamez@gmail.com

6 de enero de 2012

El palacio de hierro


 Todo ciudadano debe saber quiénes son sus gobernantes. Especialmente los de las ciudades, especialmente los de las capitales. Este conocimiento es obligatorio porque cumple con una promesa hecha hace mucho tiempo por nuestros patres, para que nosotros en el presente viviéramos con algo de tranquilidad, lejos de la guerra y cuidadosos con nuestros hijos. El campo —los habitantes de lo que no es ciudad— ha guardado este compromiso siempre, en la guerra defendiéndonos y en la paz alimentándonos. La ciudad, por supuesto, también devuelve beneficios. El problema es cuando la ciudad declara, por así decirlo, una campaña contra el campo, encareciendo las medicinas, oprimiendo su vida y explotando indecorosamente su trabajo.
Nuestros campesinos distan mucho de ser esclavos pero, para evidenciar el abandono en que los citadinos tendemos a dejarlos, conviene recordar la famosa revuelta de Espartaco en los tiempos de la república de Roma, las rebeliones campesinas en Alemania en el siglo XVI, en Francia, España y México a principios del XIX, y nuestra revolución de 1910. La única relación entre todas ellas se encuentra en que han sido manifestaciones armadas que sucedieron cuando había una gran opulencia en las ciudades y una gran miseria en el campo.
 La revolución mexicana de 1910 es ejemplo que podemos ver más de cerca y que fácilmente mostrará la silueta de lo que indico: en el momento de mayor esplendor de treinta años de paz porfírica, de lujo francés y bienestar material, las fuerzas del subsuelo salieron a la superficie, el pueblo rural derribó la puerta y la fiesta terminó.

Los intelectuales de la época, citadinos y encadenados al orden imperante, hablaron entonces de las fuerzas del subsuelo que subían para apagar las luces de la superficie. Era la barbarie en un nuevo embate contra la civilización. Eran los bárbaros zapatistas que venían a destruir el jardín japonés que cultivaba el brillante poeta José Juan Tablada en su casita de San Ángel. Era el indio ignorante que pensaba que el "mayor estropicio" era uno de sus oficiales. Véanse las letras que acompañan las fotos de Casasola de la toma de la Ciudad de México en 1914 para apreciar en pequeño el gran desprecio que sentía la clase alta y sus siervos de las ciudades sobre quienes vivían en el campo.

Nadie esperaba la gran rebelión. Ocho años antes, el hacendado Francisco I. Madero había predicho que los conflictos de la clase política, de no ser resueltos bajo los principios de la democracia (liberal y burguesa, claro), terminarían por desencadenar el caos, la anarquía. Madero no era profeta preciso, puede verse en La sucesión presidencial de 1910: él se refería al militarismo, no a la irrupción armada de la clase campesina, cansada de sostener sobre su espalda el progreso de la nación.

Por supuesto, hay que tranquilizarse, todas las revueltas campesinas han sido sofocadas tarde o temprano, aniquilando al caudillo o a sus seguidores, o deportando en masa a sus niños y mujeres. Como demostraron los yaquis de Sonora, los mayas de Yucatán y los zapatistas de Morelos, los campesinos no pueden alejarse mucho de sus tierras. Por ello siempre la solución ha sido atacarlos desde la base, destruyendo su estructura como grupo. Con la excepción de Lázaro Cárdenas, todos los gobernantes mexicanos en casi dos siglos han resuelto el problema campesino por la fuerza, sin llegar siquiera a concebir que había otra causa para las rebeliones que una "natural inclinación de los ignorantes por la violencia".

El uso de la fuerza, con la amplitud que puede ofrecer la eficiencia de un Estado, puede detener por años el descontento campesino; pero, como ya se ha visto más de tres veces en el curso de nuestra historia, una vez que se debilita la clase política decae también la correcta administración de la fuerza y empieza a subir la marea.

No es difícil considerar que nuestros días tienen una circunstancia muy diferente de las décadas anteriores, de los treinta años de Porfiriato o todo ese periodo anterior a la Reforma que parece tener poco o nada que ver con el México del presente. Lo cierto es que es el mismo país, las condiciones son similares y la nuestra ha sido una historia ininterrumpida. La diferencia estriba en que hoy el México rural es pequeño en comparación con el pasado. Si antes de 1930 sólo un veinte por cierto de la población vivía en las ciudades, hoy hay una relación casi inversa: un treinta por ciento a lo más radica en el campo. De esta forma cualquiera podría concluir que ya no es posible una rebelión como las sucedidas en la revolución o en la independencia. Los cristeros, la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero, los zapatistas de Marcos en Chiapas, han sido focos aislados que obedecen a intereses diferentes de los que pueden exigir los campesinos.

Pero esto no es cierto.

La exigencia violenta es verdad que ha sido poco frecuente y todavía más rara la ocasión en que su envergadura ha hecho peligrar el estado de las cosas. Pero ha habido una demanda continua a través del aparato legal, con la protesta pacífica o con la resistencia civil. Los archivos de los gobiernos estatales y nacionales de dos siglos guardan miles de peticiones hechas por los pueblos indios, por comunidades campesinas o por organizaciones agrarias, para que se instaure la justicia o para que se derogue aquella ley que planea la destrucción de su forma de vida.

Hoy el campo mexicano se va despoblando. El Tratado de Libre Comercio y las políticas neoliberales han tenido éxito en su propósito de convertir a los campesinos mexicanos en proletarios oferentes de mano de obra barata en Estados Unidos. Desde De la Madrid, los gobiernos títeres han trabajado a conciencia para destruir la independencia alimentaria de México. Ahora el país no produce lo que consume, tiene que importar una cantidad cada vez mayor de granos básicos, de carnes y de leche. ¿De dónde?, de los campos agrícolas estadunidenses, donde trabajan los mexicanos emigrados. Un círculo perfecto.

Los secretarios de Agricultura de los últimos dos sexenios se han reconocido a sí mismos como agentes comerciales importadores de granos de Estados Unidos a México; han defraudado a la nación pasado por alto el cobro de aranceles establecidos en el TLC para proteger la producción local y han descapitalizado y prácticamente despojado a los pequeños agricultores.
Cualquier país con una clase política mínimamente patriota hubiera visto que todas estas acciones están encaminadas a agregar a la dependencia económica una dependencia alimentaria. Una nación que no puede alimentarse a sí misma se encuentra en el momento último de su existencia como tal, a punto de mendigar o prostituirse para no morir de hambre.
Curiosamente, quienes mendigan y se prostituyen son nuestros gobernantes y sus secretarios de Estado. Para no morir de hambre, para no prostituirse ni mendigar, las mujeres y hombres de campo mexicano trabajan fuera de su país y sostienen con su salario a los que se quedan.
Los hombres y las mujeres de la ciudad deberíamos tener presente estas condiciones no sólo al ir al mercado a comprar víveres o al ver en televisión el fugaz reporte de una manifestación en algún remoto pueblo de Oaxaca. No sólo al despreciar a quien desprecie el trabajo campesino o el perfil indígena de quien trabaja en los campos agrícolas. Es nuestro deber vigilar las acciones de nuestros representantes y funcionarios públicos para que manden obedeciendo y para deponerlos cuando se alejen de los intereses colectivos y se acerquen cada vez más a los privados.
No sucederá, como podría pensarse, que en lo mejor de la fiesta venga una nube de enmachetados a tumbar la puerta. El machete, lo demostraron los campesinos de Texcoco, es sólo un símbolo de la dualidad de la vida del campo: herramienta y defensa contra alimañas.
Si abandonamos el campo mexicano, permitiendo que se encarezcan los alimentos, que los gobernantes hagan negocios con la función pública y se concentre la riqueza en pocas manos, quien terminará la fiesta con un delicado llamado a la puerta serán fusiles extranjeros (o nacionales verde olivo, da lo mismo), sólo para dar aviso a los presentes que vienen a proteger la fiesta de una multitud de desheredados que se acerca.

30 de octubre de 2011

Guión visual para el video musical “Besitos en el cuello”, interpretado por los Grandes del Pardito


Pasa un tiburón ballena.

Una pareja de buzos lo observan. Ella lo toma de la mano como para llamar su atención. Está emocionada por el gran pez. Él se estremece al contacto.

En la lancha, al quitarse de la cabeza el equipo, a ella el cabello le cae húmedo sobre un hombro; lo exprime y alcanza a ver que él, todavía con el neopreno, la mira desde el timón un instante para luego ocuparse de prender el motor. Hay alguien más sobre la embarcación, pero sólo se aprecia que arregla el equipo en javas de plástico. Ella voltea a su cabello y al horizonte. Se ven los cerros de la ensenada de Cabo Pulmo en el instante que el sol entra detrás de ellos.

Hay sonrisas en la playa. Mientras él y el otro empujan la lancha para salir del agua y se les une un señor mayor, ella corre hacia una pareja que la espera en la parte seca. Es un gringo viejo, la señora es trigueña, de cincuenta, guapa, indefectiblemente mexicana, ambos vestidos al estilo de Todos Santos; la joven se lanza a los brazos abiertos del gringo.

El padre paga al señor mayor de la lancha y el tercero sobre la embarcación lleva cosas hacia la caja de una Titán blanca. Ella ayuda a la mujer a subir al estribo, deteniendo la puerta y dándole el brazo. Platican muy sonrientes.

Él la mira mientras enrolla una cuerda o manguera a lo largo de su brazo.

Antes de entrar al carro, ella lo mira, le sonríe sin verle y entra.

Él también apenas sonríe, pero su sonrisa se amplía.

Pasa un grupo de mobulas. Los buzos se agitan y las señalan, sólo uno se mantiene igual.

En la playa, mientras el grupo se despide del señor mayor, él enrolla una cuerda y mira el horizonte con el sol cayendo. Alguien se despide de él y él asiente.

Va en una Toyota Pathfinder café subiendo el cerro de Cabo Pulmo. Luego baja el llano-arroyo de La Ribera. Pasa por la virgen de San Bartolo. Deja cruzar unos niños en El Triunfo. Antes de la Y mira pasar un grupo de caballos y toma el camino de Todos Santos. La picap ve la Casa de la Cultura y la Misión. Pide una dirección. Le señalan. Se estaciona frente a una casa antigua con huerta.

En una imagen en retroceso de su viaje (como en un ánime de samuráis) se ve como él sale de la casa de Milo en Cabo Pulmo (una casa que es un cámper, con una ramada, junto a un cuarto en construcción). Y es Milo, el señor que cobra, quien lo despide.

Duda, pero toca la aldaba.

Es el gringo viejo quien abre. Le sonríe, algo le dice con amabilidad, pero cruzado en el umbral no hace ningún movimiento que signifique que lo va a dejar entrar. Él se despide sonriente, algo apenado, enseñando una palma al voltear la espalda hacia su carro. El gringo quita la cara sonriente ante la espalda.

Está cargando gasolina en la estación de Todos Santos, mirando hacia el frente pensativo. En la bomba de al lado se coloca un Nitro nuevo, con los vidrios abajo, manejado por un júnior. Hay tres jóvenes mujeres en el carro, con arreglos de fiesta, una adelante y dos en el asiento trasero. El júnior abre la puerta, baja, dice algo al de la gasolinería, cierra y se encamina al baño.

Él está viendo el Nitro. Ella está en el asiento de copiloto, mirándolo a su vez con grato asombro. La mira como si un objeto de vidrio estuviera a punto de romperse. Las demás muchachas también lo miran. El hechizo acaba cuando ella prevé la llegada del júnior, que entra serio al Nitro. Ella queda oculta detrás de su cuerpo. Las demás chicas vuelven a su expresividad festiva. Le cierra la perspectiva de la ventana el cuerpo del empleado. Le está dando una nota.

El Nitro se aleja, pero alcanza a ver su perfil y una sonrisa. Su cara se ilumina.

Es un baile de plaza donde tocan Los Grandes del Pardito. Él está con sus amigos, todos vestidos al estilo de Santiago (todos con nada en las manos). Está explicando con los brazos el acercamiento a una manta gigante. Los amigos dejan de prestarle atención y miran discretos hacia su espalda. Él se voltea y la ve con sus amigas, vestidas como jóvenes de San José. La cara de ella es una interrogante. La de él (los amigos como a punto de arrojarse en precisa picada hacia el agua) como a punto de ver romper algo ya roto. Pero ella sonríe (y las amigas a su detrás se carcajean). Sólo se ve cómo a él —luego de un discreto suspiro— se le ilumina la cara.

El penúltimo tiro: los dos grupos juntos en la plaza viéndolo contar sobre la mantarraya, ella muy cerca de él, detrás mirones (volteando hacia los músicos y de espaldas a la cámara) y enseguida el baile (o los bailadores), detrás los Grandes, sobre un escenario, detrás la iglesia de la misión de San Javier y detrás el gran cerro con el tono de la tarde. Es 3 de diciembre.



10 de septiembre de 2011

Baja All Exclusive: la otra cara de los desarrollos turísticos en Sudcalifornia

Documental de Carmina Valiente. Guión: Carmina Valiente y Sandino Gámez. 50 minutos. La Paz, México, 2010. Historias de la desigualdad y marginación que sufre la población local a causa del modelo de urbanización costera para extranjeros llamado comercialmente "desarrollo turístico".
Baja All-Exclusive. Documental completo from 7Filos Producciones on Vimeo.

10 de agosto de 2011

Nulo interés de la Dirección de Ecología de La Paz para proteger Balandra: Colectivo Balandra


La Paz, Baja California Sur (10/08/2011).- A pocos días de que el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), Rafael Elvira Quesada, asegurara que el área Balandra será protegida mediante un decreto federal, el director de Ecología del XIV Ayuntamiento de La Paz, Víctor Daniel Hernández Valdez, externó que “el asunto de Balandra es cuestión de enfoques” y que la manera como se ha tratado el tema en los últimos cinco años ha sido “amarillista”.
            Hernández Valdez hizo estas declaraciones durante una reunión de trabajo con tres representantes del Colectivo Balandra, cuatro regidores y el director general de Desarrollo Urbano y Ecología municipal el 8 de agosto pasado en la Sala de Cabildo del Palacio Municipal de La Paz. La reunión, propuesta por el Colectivo Balandra, una asociación ciudadana que ha promovido la creación del área protegida de Balandra desde 2005, tenía como objetivo solicitar a los regidores paceños una postura definida del XIV Ayuntamiento sobre la creación del área natural protegida.
            El Colectivo expuso la historia y la situación legal reciente de la protección de Balandra, una zona con poco más de dos mil hectáreas de playas, manglares y cuencas hídricas a 20 kilómetros al norte de La Paz, y que se ha mantenido en su estado natural. Ninguno de los regidores presentes: Silvia García González, José Yakaélel Ramírez Pérez, Ricardo Fiol Higuera y Norma Alicia Castañeda Quintero, ni el director general de Desarrollo Urbano y Ecología, Franco Díaz Urnieto, emitieron una palabra acerca del tema después de escuchar la exposición.
            La única intervención por parte del XIV Ayuntamiento de La Paz fue del director de Ecología, Víctor Daniel Hernández Valdez. Este funcionario municipal, doctor en ciencias y profesor investigador de tiempo completo en el Centro de Investigaciones Científicas y del Mar (CICIMAR), desestimó los estudios técnicos que justifican la creación del área natural protegida de Balandra que se encuentra en proceso de decreto por el gobierno federal. Aunque enseguida aclaró que no había leído ninguno de estos estudios.
            El XIV Ayuntamiento de La Paz asumió sus funciones en los últimos días de abril y desde el mismo día de la toma de posesión, la presidenta municipal Esthela Ponce Beltrán expresó que “revisaría el caso de Balandra”, siendo ésta la única demanda social que mencionó con un nombre propio en su primer discurso. Pero en declaraciones periodísticas subsiguientes, el director de Ecología Hernández Valdez manifestó su desconocimiento total del tema. Al 8 de agosto de 2011 es evidente que es un asunto que sigue sin interesarle.
            Así mismo, es lamentable la total falta de interés de los regidores del XIV Ayuntamiento de La Paz y del director general de Desarrollo Urbano y Ecología ante una demanda social que ha alcanzado las más altas tribunas del estado y del país. No sólo el Congreso de Baja California Sur ha hecho el exhorto al gobierno federal para apresurar la creación del área, también el Senado de la República y la Cámara de Diputados en pleno han hecho eco de esta exigencia de los sudcalifornianos.
            La postura del director de Ecología del XIV Ayuntamiento de La Paz, Víctor Daniel Hernández Valdez, pone en entredicho las palabras de la presidenta municipal de La Paz, Estela Ponce Beltrán, en su discurso de bienvenida al secretario Elvira Quesada el 4 de agosto de 2011. La alcaldesa dijo que Balandra era un espacio natural “de los más queridos por todos los sudcalifornianos y especialmente por los paceños” y que “jamás vamos a permitir que se destruya la naturaleza que ha llevado millones de años en conformarse”.
            Finalmente, esta posición de indiferencia es un insulto a los más de 25 mil ciudadanos de este municipio que han exigido la protección de un espacio emblemático con su firma y a los muchos miles que han dispuesto un enorme esfuerzo social para proteger el patrimonio natural de los paceños. De ahí el lema “Balandra es nuestra” que ha mantenido nuestro colectivo y que ha permeado en todos los sectores de la población paceña y sudcaliforniana, excepto en los encargados de la protección del medio ambiente del Municipio de La Paz.
            Por estos motivos, el Colectivo Balandra exige a la presidenta municipal Esthela Ponce una definición pública y concreta sobre la creación del área natural protegida de Balandra, y la rectificación de la política ambiental del municipio hacia la defensa de los intereses colectivos de los paceños.

Para mayor información, por el Colectivo Balandra: Mary Belle Cruz Ayala; Mario Sánchez; Sandino Gámez.

26 de abril de 2011

Balandra es nuestra y vamos a protegerla

Desde hace miles de años, la zona de Balandra ha sido un espacio fundamental para la vida de los seres humanos en esta parte de la Tierra. A los sudcalifornianos, a los habitantes de La Paz de ahora, nos ha tocado la fortuna de tenerla cerca e intocada, con sus playas que nos permiten tener la experiencia de nuestros antepasados, sus manglares que dan vida a nuestra bahía, sus cerros y valles cubiertos de cactáceas que hacen un paisaje majestuoso, de orgullo para nosotros y de sorpresa para quienes nos visitan.
            Por el uso que le hemos dado socialmente y por su importancia biológica, desde 2004 muchos paceños pedimos formalmente al Ayuntamiento de La Paz que convirtiera esa zona de casi dos mil hectáreas en un área natural protegida municipal. Era una previsión justificada: se estaba afectando toda la costa cercana a La Paz para convertirla en fraccionamientos para extranjeros, equivalentes a pequeñas ciudades, como Paraíso del Mar en El Mogote o Costa Baja junto a Punta Prieta.
            El xi Ayuntamiento de La Paz decretó el área, pero poco tiempo después la justicia federal dio un amparo a los propietarios, entre ellos la empresa del hijo de un ex presidente de la república, Miguel Alemán. La empresa se llama Balandro y sus títulos de propiedad fueron expedidos a ese ex presidente en la Ciudad de México pocos años después de terminar su mandato. Esa familia sólo tuvo interés en Balandra hasta que comenzó el auge inmobiliario especulativo que hizo crisis en todo el mundo en 2009. En ningún momento mostró su plan de desarrollo inmobiliario. Pero se filtraron varios proyectos posibles, algunos incluso se pueden localizar en Internet. Contienen marinas para yates en la bella bahía, condominios y hoteles en los cerros, casas y campos de golf en el bosque de cactos. Todo nuestro patrimonio natural intocado estaría perdido: el uso recreativo y el acceso mismo, la salud del manglar, el mayor de la bahía de La Paz, el paisaje atractivo.
            Para comenzar de nuevo la protección jurídica del área, formamos el Colectivo Balandra. Este es un grupo informal de estudiantes, profesores, profesionistas, periodistas, trabajadores, escritores, artistas, ciudadanos en general y organizaciones de la sociedad civil. Hicimos muchas actividades de información, recogimos 20 mil firmas y conseguimos que el Congreso estatal detallara en la Ley de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente de B.C.S. (leepa) el procedimiento de creación de áreas municipales. Hubo un apoyo nulo del gobierno de Narciso Agúndez (2005-2011); también frialdad en el Congreso del Estado, presidido entonces por Rosa Delia Cota Montaño, y titubeos en el xii Ayuntamiento, presidido por Víctor Castro Cosío. Sin embargo, muchísimas personas dentro del gobierno, el congreso y el municipio ayudaron a que la ley se reformara y se publicara, a que se realizara una gran cantidad de estudios justificativos, y a que el ayuntamiento paceño decretara finalmente el área natural protegida municipal (anp) de Balandra en marzo de 2008, en la última sesión del cabildo del xii Ayuntamiento.
            De 2008 a 2010 diversos especialistas trabajaron en la creación de los reglamentos para el área y los proyectos de mejoramiento de los servicios de la playa. En 2008, la Fraccionadora Balandro, de la familia Alemán, pidió un amparo contra la leepa y contra el decreto de creación del área protegida municipal. En primera instancia les fue negado. Pero en 2009 les fue admitido porque en revisión de segunda instancia ni el gobierno de Narciso Agúndez ni el Congreso del Estado ofrecieron argumentos para oponerse. El xiii Ayuntamiento de La Paz lo hizo tímidamente y de último momento. El argumento principal del amparo concedido es que la empresa Balandro no tuvo oportunidad para defenderse de la ley y del decreto, y que la leepa es anticonstitucional porque los municipios sólo pueden “participar en la creación” y no “crear” áreas naturales protegidas, según la ley federal. Finalmente, en su penúltima sesión, este xiii Ayuntamiento anuló el decreto de creación del anp de Balandra.
            Del amparo concedido a Fraccionadora Balandro hemos adquirido esta experiencia: no podemos dejar de presionar a nuestros gobernantes porque se vuelven indolentes ante las demandas sociales. ¿Cómo es posible que estando la gran mayoría de la población de La Paz activamente interesada, convencida y movilizada para que las autoridades protejan uno de sus lugares socialmente más queridos y valiosos, estas autoridades fueran incompetentes u omisas para defender el interés público y abdicaran ante el interés de un particular que sólo busca lucrar con la venta de la tierra, la destrucción del paisaje y la privatización de un bien social?
            Sin embargo, el área no está desprotegida. No sólo gran parte de los paceños estamos por su protección formal y seguiremos exigiendo un nuevo decreto. También actualmente el Programa de Ordenamiento Urbano de La Paz establece que esa área está destinada para su conservación natural, y todo proyecto de urbanización requiere previamente de estudios de impacto ambiental. Si el xiv Ayuntamiento se lo propone ninguna empresa podrá realizar obras destructivas en la zona mientras se obtiene una protección jurídica firme para Balandra.
            También se encuentra en proceso un decreto presidencial para hacer de Balandra un área natural protegida federal. Todos los estudios justificativos y todos los procedimientos administrativos han sido realizados. Sólo falta que el presidente de la república Felipe Calderón firme y publique el decreto en el Diario Oficial de la Federación. Sospechosamente, esto lleva sin realizarse casi dos años. Por eso tenemos que presionar al presidente Calderón, desde aquí y cuando venga a Baja California Sur. En la página www.balandraesnuestra.org hay un formato para exigirle la publicación del decreto, quien guste puede enviársela; hemos sido miles. También el gobierno del estado podría decretar la protección del área e incluso expropiarla a sus dueños de papel. Eso le ganaría al gobernador Marcos Covarrubias un respeto histórico.
            Ahora pedimos firmeza al xiv Ayuntamiento de La Paz que encabeza la presidente Estela Ponce. Firmeza para proteger el interés público de los paceños como administradora principal de la cosa pública de nuestro municipio, la base jurídica de nuestra sociedad. La presidenta Ponce y el nuevo Cabildo del xiv Ayuntamiento de La Paz tienen un deber para con nosotros. Debe encontrar la mejor manera, debe probar todas las maneras, de proteger el área de Balandra, un símbolo de lo que queremos, la piedra donde detuvimos la privatización de lo que es de todos, un regalo de nuestros antepasados, una herencia para nuestros descendientes.
            Nosotros, las ciudadanas y los ciudadanos de La Paz, se los recordaremos de continuo.