Sandino Gámez Vázquez
Nunca como ahora, cuando vuelve a proyectarse la sombra del imperialismo estadunidense sobre el futuro de los pueblos de América Latina, un estado tan rico en recursos naturales y escasamente poblado como Baja California Sur requiere de un pueblo consciente de sus propias luchas y del enorme esfuerzo realizado durante ciento cincuenta años para continuar siendo parte integral y actuante de la nación mexicana.
Pero no es un recuento chovinista ni un nacionalismo ramplón lo que puede otorgar herramientas para dar solidez a la sociedad sudcaliforniana, sino un conocimiento honesto, crítico e incluyente de esas luchas, movimientos sociales, personas y personajes que le han sido fieles ─o infieles─ en un contexto nacional e internacional en el que, de una u otra forma, el territorio que hoy llamamos Baja California Sur y su gente han sido partícipes como protagonistas o como actores.
Sobre esa base se sostiene un propósito y un interés colectivo: una serie de objetivos comunes nada abstractos ─la paz, el bienestar social, la soberanía y la prosperidad a partir del trabajo y la riqueza compartida─. La historia de lo que hoy es Baja California Sur muestra que ha existido aquí un pueblo que siempre ha buscado estos objetivos a través de la educación y la cultura, el desarrollo propio, el autogobierno y, cuando ha sido indispensable, convocando a sus mejores hijas e hijos para la defensa del territorio y sus bienes colectivos.
Es en este sentido que las instituciones culturales del estado y sus municipios, la clase política gobernante y el sistema educativo estatal podrían encontrar utilidad en la existencia de un espacio simbólico como la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, comenzando, por ejemplo, por cambiarle el nombre a Rotonda de las Personas Ilustres de Sudcalifornia e incluyendo en ella, de la forma más paritaria posible, un mayor número de mujeres y hombres cuya labor haya sido significativa en favor del país, el estado o las comunidades que los vieron nacer o donde hicieron su vida.
Con tantas dificultades y problemas sin resolver a nivel nacional y local, la reactivación de la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres podría parecer un asunto banal, superficial o incluso una distracción inútil. Sin embargo, si se tiene confianza en que vivimos un tiempo de transformación en la vida pública nacional y estatal, esta acción podría representar un beneficio colectivo y un estímulo para motivar a las generaciones presentes ─sobre todo a las más jóvenes─ en los valores cívicos y el conocimiento de la historia propia del pueblo sudcaliforniano.
Esto es deseable por sí mismo, pero además proyecta una seguridad de propósito y de miras en la clase política contemporánea de Baja California Sur, que bien puede reconocer en los méritos de las personas inhumadas un ejemplo comprobado de la calidad que debe distinguir a los servidores públicos. A la ciudadanía, por su parte, le ofrece un referente sobre lo mínimo que debe esperarse de quienes se dedican a la función pública.
Desde 1990 se suspendió este reconocimiento oficial, dejando en una suerte de congelamiento cívico a un espacio inaugurado en pleno florecimiento del Estado sudcaliforniano en 1985, cuando concluyó la construcción de la Unidad Cultural Jesús Castro Agúndez en La Paz: la mayor infraestructura cultural realizada en Baja California Sur hasta nuestros días.
En casi todos los estados del país existe un espacio similar, aunque no siempre lleva ese nombre. De igual forma, la gran mayoría de estos sitios de reconocimiento público se han construido o denominado en las inmediaciones de un cementerio histórico. Así ocurrió con la primera rotonda, la nacional, ubicada en el panteón de Dolores de la Ciudad de México, idea y obra del último presidente de la Reforma, Sebastián Lerdo de Tejada, en consonancia con la concepción laica de honrar, fuera del ceremonial religioso, la memoria de los héroes recientes de la gesta liberal iniciada con la Revolución de Ayutla en 1854 y concluida con la expulsión del ejército francés y la ejecución del emperador Maximiliano de Habsburgo y sus principales generales conservadores en 1867.
Desde su inauguración en 1876 la rotonda nacional ha recibido a más de ciento diez personas ilustres; sin embargo, sólo ocho han sido mujeres, tres de ellas incorporadas de manera tan reciente como durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (2018-2024). Esta desproporción se repite en casi todas las entidades del país: del mismo modo en que se ha explicado tradicionalmente la historia y la cultura nacionales, son muy pocas las mujeres consideradas ilustres en el sentido oficial, o bien no están consideradas en absoluto. Un ejemplo claro es el estado de Coahuila, donde el Congreso local, al discutir el cambio de nombre de “Rotonda de Coahuilenses Ilustres” a “Rotonda de Hombres y Mujeres Distinguidos de Coahuila”, emitió un dictamen desfavorable al reconocerse que en ese espacio no se encontraba una sola mujer, lo que volvía vacío el cambio denominativo.
Otra característica significativa es que sólo en pocos casos la rotonda se creó fuera de un cementerio, como sucede en Nuevo León, Jalisco, Tamaulipas, Hidalgo y Baja California Sur, aunque existen también mausoleos con el mismo fin o rotondas municipales que reconocen sectores específicos, como el magisterio, por ejemplo en Xalapa.
En Baja California Sur, la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres fue establecida por decreto estatal el 28 de febrero de 1985 e instalada a espaldas del Teatro de la Ciudad de La Paz. El decreto, firmado por la mesa directiva del Congreso del Estado y publicado por el gobernador Alberto Alvarado Arámburo, instruía al Ejecutivo estatal a recibir las solicitudes e integrar un Consejo encargado de dar vida a la rotonda. Estaría conformado “por un representante de las instituciones de educación superior, un representante de los colegios de profesionistas, el director del Archivo Histórico del Estado, el cronista del estado, dos personalidades de reconocida capacidad en la materia en que se haya distinguido el candidato propuesto y un representante del Ejecutivo, quien presidirá dicho Consejo.” Se establecía, además, un procedimiento transparente: cualquier persona podía proponer candidatas o candidatos, con dos filtros obligatorios: un dictamen favorable del Consejo de la Rotonda y la aprobación de la mayoría de los legisladores del Congreso del Estado.
Mediante este procedimiento ingresaron: el militar y pensador Manuel Márquez de León (1822-1890), el patriota Ildefonso Green Ceseña (1830-1932), el político y militar Agustín Olachea Avilés (1890-1974), el historiador Pablo L. Martínez (1898-1970) y los docentes: Domingo Carballo Félix (1897-1972), Jesús Castro Agúndez (1906-1984) y Rosaura Zapata Cano (1876-1963). El reconocimiento oficial estuvo acompañado de la publicación de amenas biografías elaboradas por Leonardo Reyes Silva, Eligio Moisés Coronado, Gilberto Ibarra Rivera, Jorge Amao Manríquez y Jesús Murillo Aguilar. Están reunidas en Sudcalifornianos ilustres de la rotonda, obra publicada en 2016 por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura dentro de la colección Biblioteca del Estudiante Sudcaliforniano.
Sin embargo, desde 1990 no se realizó ningún nuevo ingreso. La vida política entró en esa década en una etapa de crisis: a nivel nacional por la instauración del neoliberalismo, el cual proclamaba el fin de la historia, las ideologías y el nacionalismo; a nivel por la conclusión del periodo de hegemonía priista y la fragmentación de la clase política a partir de 1999. Los nuevos gobiernos, teóricamente vinculados con la izquierda, no renegaron de la historia local del periodo priista, pero tampoco estimularon el proyecto implícito de exaltación del orgullo político regional que tenía como antecedentes las gestas del Frente de Unificación Sudcaliforniana de las décadas de 1940 y 1960, y del movimiento Loreto 70.
La intelectualidad sudcaliforniana quedó así huérfana de acceso al poder político, y desde el poder político tampoco se generó una idea nueva para reponer, sustituir o criticar el ideario posrevolucionario regionalista que tenía en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres uno de sus símbolos mayores. El desdén con el que ha sido tratado este asunto puede tener diversas explicaciones, algunas de ellas dignas de una investigación académica.
El hecho es que, a partir del gobierno de Carlos Mendoza Davis (2015-2021), se realizaron nuevamente propuestas para reactivar este espacio simbólico. Pese a ser hijo de uno de los políticos más distinguidos de Baja California Sur por sus aportes en materia cultural y educativa, la filiación política del gobernador Mendoza Davis estuvo en plena sintonía con la ideología neoliberal del prianismo más rancio. Incluso su representante ante el sector cultural fue fiel reflejo de esa orientación: carente de interés y omiso, fue inhabilitado en octubre de 2025 para ejercer cargos públicos durante trece años por la comisión de una “falta administrativa grave de abuso de funciones”.
En 2016 fueron robadas las placas metálicas de la rotonda y sustituidas con placas de acrílico, en una acción acorde con el tránsito de la “historia de bronce” del periodo posrevolucionario a una “historia de plástico” propia del periodo neoliberal. Se desconoce si los restos óseos de los personajes depositados en urnas de metal y vidrio también fueron sustraídos o si se encuentran resguardados en algún sitio. A ello se suman otras acciones significativas de ese periodo, como la destrucción de la primaria 18 de Marzo del Centro Histórico de La Paz, el intento de cierre de la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en la Ciudad de México, la supresión del término “pública” en la Secretaría de Educación estatal y la alteración de la fachada de la histórica Casa de Gobierno.
A partir de la presión de intelectuales, periodistas, escritores e historiadores, desde 2017 se entregaron propuestas formales para incorporar nuevas personas ilustres a la rotonda. La constante fue el reenvío de estas solicitudes desde la oficina del gobernador a su director de cultura para finalmente quedar en declaraciones periodísticas. El reportaje del doctor Modesto Peralta Delgado en la revista CULCO: “¿Quiénes serán los próximos en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres?” (06.08.2018) ilustra de manera excelente estos esfuerzos y el actuar oficial.
Ese mismo año, el Congreso del Estado decretó la Ley de Símbolos y Protocolos Oficiales del Estado de Baja California Sur que derogó el decreto original de 1985. En 2020 se reformó la ley, desapareciendo el Consejo de la Rotonda y dejando en la Comisión de Cultura y Arte del Congreso la recepción y análisis de las propuestas. La ley establece, además, que la persona candidata debe tener al menos diez años de fallecida y estar entre quienes “hubieren tenido en vida los merecimientos por sus acciones heroicas, sus virtudes cívicas o sociales” o contar con “aportaciones destacadas en los campos de las ciencias, de las artes, de la cultura o del deporte” (artículo 27).
Pese a estas reformas y múltiples iniciativas en el último lustro, la rotonda sólo ha visto la pérdida de sus jardines de cipreses y placas originales, la limitación de su acceso al público y el desinterés institucional. Aun así, el interés social ha seguido intacto: el 19 de septiembre de 2025, la Asociación de Escritores Sudcalifornianos entregó una carta a la Comisión de Cultura y Arte de la actual XVII Legislatura estatal resumiendo aquellas realizadas de manera formal en la última década: incluyen al profesor todosanteño Néstor Agúndez Martínez (1932-2009), al ingeniero paceño Modesto C. Rolland Mejía (1881-1965) y a los patriotas cabeños Mauricio Castro Cota (1806-1879) y José Antonio Mijares (1819-1847).
Existen condiciones políticas favorables, pero el contexto actual obliga a que esta reactivación tenga un verdadero sentido social, lo que implica un mensaje claro de inclusión histórica, particularmente hacia las mujeres, sistemáticamente excluidas del reconocimiento público. Si no se cambia primero la denominación del espacio y se incorpora un número significativo de mujeres ilustres, ¿qué mensaje se estaría enviando y a quién?
Actualizada a la realidad presente, la Rotonda de las Personas Ilustres de Sudcalifornia puede contribuir a cerrar la brecha entre quienes conocen la historia regional y la indiferencia general, y estimular un florecimiento de la cultura cívica al divulgar la lucha por la autodeterminación, la educación, la cultura y la defensa de los intereses colectivos.
Nada impide que este espacio albergue a más de ochenta personajes, ni que los ayuntamientos establezcan sus sitios oficiales de reconocimiento. Dejar pasar esta legislatura y periodo de gobierno estatales sin realizar un acto simbólico de esta magnitud sería una pérdida para quienes tienen hoy la responsabilidad histórica de demostrar que se abre un nuevo ciclo posneoliberal. También sería una contravención misma sobre un devenir histórico de desarrollo y bienestar propios.
Como lo expresan los poemas “Calafia” de Fernando Jordán y “Levántate, guaycura” de Alfredo González González: ésta es una tierra y un pueblo con un destino cimentado sobre una memoria honesta, crítica y compartida, y con una enorme esperanza en el futuro.
sandinogamez@gmail.com

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