27 de mayo de 2008

Que hacía un libro falta

Noviembre de 2007

A finales del siglo XIX Joaquín García Icazbalceta reunió una serie de vocablos mexicanos que póstumamente publicó su hijo con el título de Vocabulario de mexicanismos. Llegó a la letra G y según afirma José Luis Martínez fue resultado del autoexilio del campo de las letras que se impuso el escritor por penas familiares y por los ataques que le hicieron en "la cuestión guadalupana". El erudito se entretenía en sus ocios llenando "cedulitas".

La importancia de esta actividad de Icazbalceta se ve a lo lejos en el tiempo. Muchos de sus contemporáneos conocían el significado de guacamote, el aspecto del giote y las propiedades del garambullo. Los que no conocían tales palabras seguramente era porque no lo necesitaban, no estaban en contacto con lo que designaban o ya tenían un nombre para ello. El pasatiempo del escritor decimonónico era en su utilidad un testimonio para el futuro y para quienes desearan acercarse a un léxico que no era el suyo, por ser extranjero o por no movcrse dentro de determinado sector social.

La misma importancia se puede atribuir al Diccionario de mejicanismos que Francisco J. Santamaría hizo público en 1959, un tomazo que va de la A a la Z. Desde entonces una obra léxica tan general y por ello tan costosa en tiempo, esfuerzo y dinero sólo ha podido realizarse con apoyo institucional. Así, una obra de próxima aparición, el Diccionario del español de México (El Colegio de México, bajo la dirección de Luis Fernando Lara) ofrece una perspectiva de la lengua que se habla en México como antes no se había podido realizar. Sus consideraciones metodológicas y su extensión obligan a pensarla como una obra que hace patente la diversidad regional y local del español en México, y por ello apuntala su unidad cultural.

El panorama que ofrece una obra general como ésta no debe creerse que opaca los intentos anteriores (de altísimo mérito si se piensa sólo en los medios para manejar la información) y tampoco debe provocar una evaluación negativa de las obras interesadas en hablas muy específicas, de regiones, estados o ciudades. Por el contrario, los defectos propios del carácter general de aquélla se subsanan con la especificidad de éstas y por tal camino se enriquece también la cultura nacional a la vez que los hablantes se hacen concientes de su identidad particular.

Una aportación en este sentido es la segunda edición que Gilberto Ibarra Rivera ha hecho de El habla popular en Baja California Sur, primero aparecida en 1989, corregida y aumentada en 2001. El autor señala en la introducción a la obra que el tópico "merece ser tratado con mayor profundidad por verdaderos especialistas" pero que es su deseo que lo que él ha investigado sirva como motivación para estudios posteriores.

(…) este trabajo fue realizado a través de una ardua investigación llevada a cabo con la carencia de un método especial que el caso requería, pero supliéndolo con el entusiasmo y recurriendo en forma directa a las personas más representativas de los diferentes grupos sociales, a fuentes de consulta y a encuestas , así como auxiliándome con algunos de mis alumnos que, en forma voluntaria, una vez motivados, se ofrecieron a colaborar entusiastamente. (12)

El habla popular en Baja California Sur es ciertamente una buena base para los estudios de la lengua en Sudcalifornia, como dice Héctor Domínguez Rubalcava en la contraportada del libro. De hecho hasta ahora Ibarra es el único que ha enfocado directamente una investigación con interés lingüístico y en específico lexicográfico sobre este estado, aunque dado es recordar que en La Paz, San José del Cabo y el pueblo de Mulegé se realizó una minuciosa encuesta para la elaboración del Atlas lingüístico de México (bajo la dirección de J. M. Lope Blach y la estructura del Colmex) pero sin el interés semántico coloquial que mueve la obra de Ibarra Rivera.

Una ligera mirada al vocabulario, sobre todo en las letras E y F, ilustran sobre muchas palabras que difícilmente hubieran pasado a la lengua escrita por sí mismas pero que ahora gracias al profesor tienen abierta la posibilidad al menos en la narrativa y la poesía, quizá más en el teatro, si no sucede que se churan sublimes espíritus ante la idea.

Los vocablos que se consignan en el libro se encuentran explicados en su acepción local (y para el criterio aplicado ver lo transcripto arriba) seguido en muchos casos de la cita de un autor –sudcaliforniano o que escribe sobre esa tierra– que corrobora el sentido señalado. Si la palabra tiene uso dentro del contexto regional o nacional se señala en cada caso.

Por ejemplo, los vocablos bandido, bichi y futi son explicados de la siguiente manera:

Bandido, da. s. y adj. El vocablo no únicamente se aplica al individuo fuera de la ley sino al que demostrando astucia juega un doble papel, o en los amores o en la picardía.- 2. Cuando la persona muestra ser graciosa, salerosa, ocurrente, se aplica en tono cariñoso, demostrándole aprecio y muchas veces complicidad en sus actos.

Bichi. adj. Persona completamente desnuda, o bien, animal cuando carece de pelaje. Se dice: niño bichi, perro bichi. etc. El vocablo es de uso común en el noroeste y al parecer es de origen cahita. // …entró medio bichi, llorando por que se le había desinflado su pompa… (F. Arámburo. La California nuestra, 1989, p. 73).- […] Apresuré el paso, y para mi gran sorpresa me di cuenta que se trataba de un niño, ¡un niño completamente bichi! (A. Magallanes C., p. 4).

Futi. m. Miedo, recelo, temor, como en la expresión: le dio futi nadar en el mar. Utilízase de forma repetida para mayor significancia: futi-futi.

(Cabiendo recordar al lector, por si se crió en torre de marfil, que la expresión va acompañada del gesto con la mano de unir estirados todos los dedos intermitentemente.)

Además de su vocabulario, la obra tiene una sección titulada "Expresiones comunes", en su mayoría frases hechas, giros trópicos y verdaderos modismos endémicos del estado. Parece viable utilizarlos para hacer un estudio de la coloquialidad en Sudcalifornia sobretodo en el humor, la ironía y la analogía, una perspectiva ideológica que puede explotarse de múltiples maneras.

El único defecto práctico de El habla popular en Baja California Sur no tiene que ver con su autor ni con sus intenciones. Tiene que ver con la carencia de auténticas editoriales en el estado que ofrezcan calidad en su diseño y encuadernación, y con la falta de promoción de la lectura y distribución de las obras a lo largo de la media península.

Hasta ahora ha sido el gobierno del estado o los propios escritores quienes financian la impresión de las obras; luego su distribución indefectiblemente es un esfuerzo extra del autor si no quiere depender de la librería del Patronato del Estudiante o confiar en la red de bibliotecas públicas. En todo momento, el conocimiento del libro se reduce a un muy escueto sector de la sociedad sudcaliforniana, retardándose su influencia un tiempo verdaderamente abreviable.

Termina de afectar la vitalidad de estas obras el hecho de que los tirajes sean reducidos y que su redición obedezca a criterios nada metódicos. Así una obra tan amena como Patria Chica es inconseguible en el mercado blanco y así el millar de ejemplares de este libro de Ibarra Rivera será muy poco una vez que se aprecie la magnitud de su importancia.

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*Ibarra Rivera, Gilberto. El habla popular en Baja California Sur, 2ª ed., corregida y aumentada, La Paz , Gobierno del Estado de Baja California Sur, 2001, 308 pp.

2 comentarios:

Carlos Alberto Gutiérrez Aguilar dijo...

Coincido con su punto de vista. Desafortunadamente, las obras sobre cultura y arte regional son poco valoradas por los gobiernos locales, por los medios de comunicación y, por lo tanto, por la población en general. Una obra tan importante como ésta sobre el habla regional de nuestra tierra, debería ser reeditada una y otra vez, para que todos los interesados y los jóvenes tengan acceso a ella.

Flor de abril Alvarez Torres dijo...

po´ji´...haciendo memoria de algunos desventurados sudcalifornianos de nacimiento, crianza y recidencia (todo junto)que no cree en la existencia de la identidad del sudcaliforniano. Aunque desde sus inicios sudcalifornia se hizo de forasteros aventureros o empresarios, hoy es muy visto la fuerte influencia de los estados vecinos...tanta migracion hacia BCS, algo tenía que pasar. La aceptacion de la narcocultura por parte de la poblacion es un claro ejemplo. El pais trabaja jornadas largas como burro para comerse un taco...creo que el sudcalifoniano como ningun otro gentilicio de la Republica tiene sufuciente ocio como para ¨producir¨y defender su identidad. Si no la ven es que estan empañados y tal vez el punto debil es la ¨apatía¨ de defenderla y de estar convencidos de que ¨lo otro es lo mejor¨.